jueves, 7 de marzo de 2013

A Rafael de Cózar.










A usted, señor:

Poca amiga de los recitales poéticos, decido ir con una amiga a la presentación de poetas jóvenes en un acto literario en un pueblo de Sevilla. Cual es mi sorpresa que veo a un señor entrar y dirigirse a la barra del bar, tranquilo en sus pasos, Rafael me resultó tímido y cansado, muy cansado.
Sigo la conversación con una amiga cuando una persona lo nombra: Rafael de Cózar. Giro mi cuerpo en torno a él y allí se queda mi mirada, en la barra del bar, hasta que entramos en la sala donde empieza el recital. Pero es Rafael, con su vida, sus historias, sus poemas, su humildad y su ternura el que acapara toda mi atención. Además de imaginar mientras él habla y no deja de hablar, una generación de poetas que da gusto escuchar en una voz tan sumamente atractiva y con experiencias enriquecedoras.  
Y es que hay maestros, personas y personajes  que con su sencillez, saben hacer en una hora, gloria de recuerdos.
Y sí, Rafael, las cosas malas de la vida, las dejamos para otra ocasión; mientras tanto, que duerman y tarden en despertarse.


De su libro Ojos de Uva:
.


AL CABO DEL TIEMPO

Al cabo del tiempo
volvió de nuevo a visitarme.
Hablamos y bebimos de todas las botellas,
revivimos las huellas
de aquellos amores pasados y presentes,
los sueños y las voces que perdimos
en los ecos sonoros de la memoria.
Revisamos los años con los dedos,
los huesos de las casas y las cosas,
los errores y amigos cometidos,
las frases a destiempo
y las risas rodadas por la alfombra.
La madrugada entonces inundó las sábanas.
Terminé por contarle los últimos relatos que leí
y al fin
se durmió en los brazos
abrigada tan solo
por la cálida chaqueta de mi piel...

Rafael de Cózar.


PiRaTa,  ha sido un placer.


Con cariño, Lou.